Tras cinco años del Ucraniagate, sigue sin conocerse la identidad del filtrador

Filtraciones

Corría el año 2019 y en Estados Unidos un nuevo escándalo político salía a la luz, gracias a una filtración. Se trataba de una conversación telefónica llevada a cabo el 19 de julio entre el entonces presidente Donald Trump y su par ucraniano, Volodomir Zelensky, que se había hecho pública. 

Claro, no se trataba de una conversación cualquiera ni en un tono diplomático y esto lo dejaba bien claro The Wall Street Journal, que en septiembre de ese año publicó: “el presidente Trump presionó repetidamente al presidente de Ucrania para que investigara al hijo de Joe Biden, según personas familiarizadas con el asunto, e instó a Volodymyr Zelensky unas ocho veces a trabajar con Rudy Giuliani en una investigación que podría obstaculizar al potencial oponente de Trump en (las elecciones) 2020”. 

Giuliani era el abogado personal de Trump y el pedido tenía que ver con la investigación que se estaba llevando adelante en Ucrania, sobre una compañía de gas que empleaba al hijo de Biden, Hunter. Según la denuncia, como moneda de cambio, se negociaba un paquete de ayuda militar de Estados Unidos a Ucrania.

La humillación sin fondo de Rudolph Giuliani (Opinión)

Rudolph Giuliani, abogado de Trump.

Esto, básicamente, podía significar que el entonces presidente de los Estados Unidos, estaba intentando sacarse por las malas de encima a quien en ese momento tenía serias posibilidades de ganar la carrera presidencial y despojarlo de su reelección, el actual presidente Joe Biden.

Ante este escenario, cuando fue consultado por la prensa sobre el tema, Donald Trump declaró, «Es ridículo», y afirmó que la filtración era «partidista». Minimizó las acusaciones, calificándolas de «otro desastre de los medios». Agregó que, «Lo que puedo decir es que fue una conversación totalmente apropiada» y que «no hubo nada malo».

Lo cierto es que esto le valió al presidente Trump, tener que enfrentarse a un juicio político y a la voluntad de los demócratas de removerlo del cargo, cosa que finalmente logró evitar. Si bien el proceso pudo prosperar en la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, no corrió la misma suerte en el Senado, ya que estaba constituida por una mayoría republicana, su propio partido.

Por el caso, Trump fue acusado por abuso de poder e intento de obstrucción al Congreso, dado que el mandatario no había enviado documentos esenciales para permitir avanzar en la investigación en el Parlamento. También evitó que testifiquen personas claves de su administración.

El filtrador desconocido 

A mediados de agosto, un mes después de la llamada entre los mandatarios, un informante anónimo del que sólo se supo que pertenecía a la CIA, presentó la detallada denuncia que puso en marcha la investigación para el impeachment, (juicio político).

La denuncia del filtrador fue publicada por el comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes y señalaba que, «En el transcurso de mis funciones, he recibido información de múltiples funcionarios del Gobierno que aseguran que el presidente de Estados Unidos está utilizando el poder que le confiere su cargo para solicitar la interferencia de un país extranjero en las elecciones de 2020».

También apuntaba contra Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y abogado personal de Trump, como una «figura central» en el hecho. Por otro lado, aseguró que funcionarios de la Casa Blanca intentaron ocultar evidencias de la conversación telefónica del mandatario estadounidense con Zelenski, y que Estados Unidos decidió congelar políticas de ayuda a Ucrania por varios millones de dólares a causa de la falta de avances en la investigación a Biden.

Trump lanzó una campaña para develar la identidad del filtrador, pero no tuvo éxito.

Según el New York Times, el mandatario se refirió al informante y dijo que  que su comportamiento podría ser considerado “traición”. También expresó en tono amenazante: «Quiero saber quién es esa persona porque es lo más parecido a un espía». «¿Saben lo que se hacía en los viejos tiempos ¿verdad? A los espías y la traición los manejábamos de forma muy diferente a como se hace ahora».

 

Con información del Wall Street Journal, elmundo.es y Página/12.