Por Guillermo Collini-
El Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), lanzó una guía o protocolo para filtradores o denunciantes anónimos. CLIP es una organización sin fines de lucro con sede en Costa Rica conformada por un equipo de profesionales de distintos puntos de Latino América que se dedica a realizar y coordinar investigaciones periodísticas junto a otros medios de todo el mundo. El año pasado Filtra Leaks recibió una beca de innovación de CLIP.
FL se contactó con Rigoberto Carvajal, Arquitecto de Información de CLIP e Iván Ruiz, editor y periodista del medio, quienes explicaron cómo el protocolo puede ayudar a reducir los riesgos de quienes optan por revelar información.
– ¿Cómo surgió la idea del protocolo para filtradores y cómo fue su desarrollo?
RC -Nació de una prioridad estratégica en CLIP: acercarnos a nuestras comunidades e invitarlas a contribuir activamente a nuestras investigaciones. Bajo esa lógica lanzamos la campaña “Nos faltas tú”, con piezas audiovisuales, newsletter y un formulario para facilitar que las personas nos compartan información, documentos, imágenes o videos que puedan aportar contexto y evidencia a historias en curso.
Un punto de inflexión fue la hackatón que organizamos en Bogotá junto con el equipo de la organización de UK Bellingcat, en la que convocamos a medios nacionales e internacionales. En uno de los equipos se identificó un problema muy concreto: muchas investigaciones publicadas podrían enriquecerse si existiera una forma más clara, sencilla y contextual de invitar a los lectores a aportar material, directamente desde cada historia. Ese grupo desarrolló un prototipo de widget con un formulario que pudiera integrarse en los artículos, de manera que los aportes quedaran automáticamente asociados a la publicación correspondiente y el equipo editorial pudiera revisarlos de forma ordenada y eficiente.
Sin embargo, mientras desarrollamos el proyecto a partir de ese prototipo, se volvió evidente otra necesidad: no todas las contribuciones son iguales. Algunas personas pueden querer filtrar documentación sensible y, por ese solo hecho, quedar expuestas a riesgos reales. Ahí tomamos una decisión editorial y ética: si vamos a invitar a los lectores a contribuir, también tenemos la responsabilidad de ofrecer orientación clara sobre cómo hacerlo de forma más segura, especialmente cuando alguien necesita proteger su identidad. De esa reflexión surge la guía como un complemento esencial a la invitación, pensada para que quien comparta información delicada pueda entender mejores prácticas para resguardar su anonimato y reducir riesgos antes de enviarnos cualquier material.
-En Europa hay leyes que protegen a filtradores que publican documentos o los facilitan para ser publicados. En Estados Unidos las leyes solo protegen a quienes hacen denuncias ante organismos estatales. ¿Cómo ven el tema en América Latina?
IR-América Latina prácticamente no ha avanzado con leyes específicas para proteger a personas que deciden filtrar información. Sí hay protección o beneficios para testigos de hechos criminales que quieran ofrecer información a la justicia, pero en la mayoría de los países de nuestra región estos sistemas de protección son criticados por la falta de eficiencia. Es decir, aún con estos sistemas de protección activos muchas veces los colaboradores pueden estar igualmente en peligro.
-El CLIP fue parte de la megafiltración mundial conocida como NarcoFiles. ¿Tienen algún registro de que esta información haya tenido consecuencias políticas o judiciales?
IR-CLIP ha sido parte de NarcoFiles, un proyecto liderado por OCCRP. La exposición y amplificación de NarcoFiles sobre el crimen y la corrupción sustenta su impacto más significativo, fortaleciendo la justificación para una reforma más amplia de los sistemas de justicia penal. Por ejemplo, el presidente Gustavo Petro de Colombia cita directamente las pruebas de NarcoFiles en sus esfuerzos por erradicar las economías ilícitas.
NarcoFiles ha creado un grupo de varias docenas de actores mediáticos con un conocimiento más profundo de las técnicas de investigación, las herramientas de colaboración, los protocolos de seguridad y los estándares editoriales. Se espera que sigan utilizando estas habilidades para crear conciencia sobre la corrupción y la delincuencia organizada grave, al tiempo que mantienen su propia seguridad e independencia.
-Ustedes trabajan codo a codo con otros medios internacionales para desmenuzar documentos filtrados ¿Cómo es esa experiencia?
RC-En CLIP contamos con experiencia, metodología y tecnología para procesar grandes volúmenes de documentos filtrados y convertirlos en insumos investigables. Por eso, en distintas ocasiones, organizaciones aliadas y periodistas de otros países se han acercado para pedir apoyo técnico o para integrarnos como socios en proyectos que nacen a partir de filtraciones.
La experiencia de trabajar codo a codo con medios internacionales suele ser muy intensa y, al mismo tiempo, extremadamente rigurosa: una vez que el material se procesa y se pone a disposición de los equipos para su exploración, se vuelve indispensable establecer entornos seguros y privados para la comunicación, la coordinación editorial y el intercambio de hallazgos. Esto no solo protege a las fuentes y a los equipos, sino que también permite mantener trazabilidad, orden y coherencia en investigaciones que suelen tener múltiples frentes y plazos exigentes.
Además, nuestra forma de colaboración con socios no se limita a resolver lo tecnológico. CLIP trabaja de manera integrada en tecnología, edición editorial, producción de contenidos y llegada a comunidades, lo que facilita que profesionales de distintos medios terminen colaborando directamente según su rol: reporteros, editores, desarrolladores, verificadores y productores comparten recursos, criterios y procesos para que el análisis sea consistente y para que los hallazgos se transformen en historias publicables con estándares comunes.
Enlace de acceso al protocolo del CLIP: https://www.elclip.org/instrucciones-para-evidencias-anonimas/


